EL AROMO

El Aromo,
en esta bella mañana de enero,

ha venido hacia mí,
litúrgico,

¡cómo un cumulonimbo
entre las adelfas,

la fuente
y un errante coleóptero por derrotadas baldosas!

. . .

De su milagrosa cortesía,
¡tan breve como mi hacienda!,

quédame una escritura peregrina
de raíces, madera y hojas.



UN COLIBRÍ

Un colibrí, verde y azul, 
el aromo me ha traído en su fugaz visita.

Uno frente al otro nos ha dejado
con la posibilidad grisácea, contingente, de querernos. 

Él, "aleteando". 
Yo, "meciéndome", con restos de galleta en los dedos extendidos.

. . . 

Desde una noche fresca de febrero 
anida el ave, menos verde y azul, en mi cayado aórtico 

construyendo, lejos del frío y de Naranjo,
un redondito translúcido aneurisma.

. . .

Con la mano derecha en el pecho -de ramitas, hojas y flores de aromo- 
palpo los dos corazones unisonados: 

Tic, toc,
Tic, toc.



UNA BARCA

Una barca, que del muelle a la mar va 
y con pescados de plata vuelve,

que entre golpes de olas y sal va
y entre ocasos y lunas izadas vuelve.

. . .

Un pescador, que canturreando a nadie
e ingrávido entre el aire y los pájaros va

y cansado, plata y silencio,
con pescados de luna vuelve.

. . .

Una barca y un pescador:
un "Tamborcito" con forro de papel araña azul,

versos de lápiz
y un poeta.



SÓLO SÉ

Sólo sé 
que pienso y creo;

que creo 
con los Demás, 

y que, 
hasta el partir a ningún lado -si es que partir se parte-, 

valioso y único 
entre iguales y "buitres" existo.



AROMO MÍO

Aromo mío,
acá, "rozando" tus incesantes flancos, existieron tres higueras:

una mayor en esa esquina
donde solía al cielo trepar por sus ramas,

dos menores, mellizas y en línea,
donde frecuentaba armar bajo sus modestas sombras:

de chapitas, ¡ciudades antiguas!; 
de barros y dientes de leones, ¡pétreas pirámides!, 

de cuarenta palitos parejos, 
¡dos ejércitos sin armas, fuegos y mandos!

. . .

No recuerdo cuando, ¡como parten del alma las cosas bellas, Aromo mío!,
sucumbieron las tres.

Una de las menores
-con sus negras raíces expuestas-,

inclinada severamente hacia su tierra, 
hacia el pequeño lirio violeta,

recuerdo, 
¡vencida!

. . .

¡Ay, Aromo mío!
en nombre de sus pequeñitas existencias y tantísimas otras ¡hagamos cada día agosto!,

¡florezcamos a más no poder!
¡amarillos!, ¡soleados!, ¡gualdos!,

. . .

¡a más no poder!,
¡a más no poder!



EN TU NOMBRE (a Argentina)

En 
tu nombre,

en cada una de tus nueve letras españolas y latinoamericanas,
en cada una de tus cuatro sílabas:

cada una de estas células mías,
cada uno de estos átomos ¡y un aromo de agosto y amarillo!

. . .

En tu nombre,
-qué es tan único aquí, como Malvinas, la Cruz del Sur, Carhué y su Torre Blanca,

tan claro, enceguecedor y ¡argentino!
tan lleno de Demás-:

mi bien y servicio
¡y un aromo de agosto y amarillo!



SÁBANAS Y SÁBANAS

Sábanas y sábanas sobre sábanas,
sábanas celestes, azules, albas,

sábanas transparentes y bordadas,
¡las bordadas olas de Mar del Plata!

. . .

Sábanas con rumor de otras playas,
sábanas y sábanas sobre sábanas,

sábanas de mis playas recónditas,
¡las gélidas olas de Mar del Plata!

. . .

Sábanas por miles madres lavadas,
sábanas a los soles soleadas,

sábanas y sábanas sobre sábanas,
¡soleadas olas de Mar del Plata!

. . .

Olas que aproximan melancolías,
olas que las alejan y piérdenlas,

olas de mis playas interiores, ¡las
frías, frías olas de Mar del Plata!



EN AQUEL JARDÍN

En aquel jardín de malvones blancos tras las rejas,
¡la he deseado cada mañana y tarde desde la calle!

. . .

Su blanco rostro
de malvones blancos,

su larga trenza oscura
como un barrote de la exquisita reja,

sus ojos marrones 
vidriecitos marrones de su vencida hebilla,

su voz de sirena mediterránea
ahogando odiseos en los aires,...

¡los he deseado sin límites ni rejas
cada mañana y tarde desde la calle!

. . .

Y su casta blusa de popelina, 
con una fugaz mirada descuajado aladamente

y sobre la blusa aquella y los malvones blancos,
amado en horas y orfebrería exactas

cada mañana y tarde desde la calle
¡en mi pasar fugaz frente al paraíso hacia el trabajo!

                                                                    Carhué, octubre de 1921



UNIVERSO MÍO

Universo mío:
haz de mí en su justa e imperfecta medida,

hazla desde tu libre arbitrio
o desde el mío ¡siempre preferido!

mas si es desde el mío,
¡ayúdame!

. . .

Universo mío:
haz de mí en su justa y humana cuantía,

desde tu mando que sin detenerse, ante cualquier cataclismo cósmico, impone,
desde tu anarquía que ¡bienvenida! deja serme,

mas sea en la Vida
¡y en ninguna otra!



UNIVERSO MÍO

Universo mío:
déjame ser, frente al ocaso, una altura más de humana cuantía.

Sea desde tu militancia que sin detenerse ante ningún cataclismo cósmico ¡impone!,
sea desde tu anarquía o tu reposo que, ¡loables!, dejan casi real y huérfanamente serme,

y si es en esta orfandad,
¡ayúdame!

¡en la Vida!
¡en ninguna otra!

. . .

Universo mío:
heme ya en la noche,

bajo el Aromo,
como un cuenco de barro hacia la Luna.